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Úlceras por presión: por qué la prevención debe comenzar antes de que aparezcan

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Las lesiones por presión, también denominadas úlceras por decúbito, úlceras de presión o úlceras de cama, constituyen una de las complicaciones más frecuentes en personas con movilidad reducida o que se ven obligadas a permanecer en la misma posición durante períodos prolongados. En la mayoría de los casos, se pueden prevenir, siempre que se intervenga antes de que aparezcan los primeros signos. De hecho, una evaluación adecuada del riesgo, junto con el uso de ayudas técnicas adecuadas y sencillas medidas cotidianas, permite reducir significativamente la probabilidad de que se desarrollen lesiones cutáneas.

¿Cómo se desarrollan las lesiones por presión?

Las úlceras por presión no aparecen de forma repentina. Se desarrollan cuando una presión prolongada en una posición estática reduce el riego sanguíneo en las zonas afectadas, provocando lesiones cutáneas.

Las zonas más afectadas son aquellas en las que las protuberancias óseas ejercen una mayor presión sobre la superficie de apoyo, como: el sacro, los talones, las caderas, los codos, los tobillos y las escápulas.

Si la presión se mantiene durante mucho tiempo, los tejidos comienzan a dañarse progresivamente hasta que aparecen las primeras ulceraciones.

Los principales factores de riesgo

No todas las personas tienen el mismo riesgo de desarrollar una úlcera por presión. Por este motivo, la evaluación inicial constituye uno de los aspectos más importantes de la prevención.

Los principales factores de riesgo varían en función de las siguientes características:

  • movilidad reducida o ausente;
  • permanencia prolongada en cama o en silla de ruedas;
  • edad avanzada;
  • incontinencia y humedad de la piel;
  • enfermedades neurológicas o vasculares;
  • sensibilidad reducida al dolor;
  • desnutrición y deshidratación.

Una buena práctica asistencial prevé que el médico de cabecera y el fisiatra colaboren en la evaluación del riesgo y en la definición del plan de cuidados, teniendo en cuenta diversos factores, entre ellos el nivel de movilidad, el tiempo que se pasa en cama o en silla de ruedas, el estado nutricional, el estado de la piel y la presencia de otras patologías.

Esta evaluación permite detectar de forma precoz la necesidad de medidas preventivas específicas y de los dispositivos de apoyo más adecuados.

Prevención y tratamiento: ¿cuál es la diferencia?

Prevenir una úlcera por presión es muy diferente a tratarla.

La prevención tiene como objetivo reducir el riesgo de que aparezca la lesión mediante una gestión adecuada de la presión, el cambio de posición del paciente, la supervisión de la piel y el uso de sistemas adecuados para prevenir las úlceras por presión.

El tratamiento, en cambio, interviene cuando la úlcera ya está presente y requiere un enfoque clínico específico definido por el personal sanitario.

Por este motivo, es fundamental no esperar a que aparezcan las primeras lesiones. La prevención es el método más eficaz contra las úlceras por presión: los dispositivos de prevención de úlceras por presión alcanzan su máxima eficacia cuando se utilizan en fase preventiva, antes de que aparezcan las lesiones. Cuando ya hay ulceraciones o úlceras por presión, es necesario acudir al médico para su evaluación y tratamiento.

Cuándo empezar a prevenir las úlceras por presión

No es necesario esperar a que aparezcan enrojecimientos persistentes; el momento adecuado para empezar con la prevención coincide con la pérdida de autonomía o con el aumento del tiempo que se pasa sentado o tumbado.

Es recomendable prestar especial atención cuando:

  • después de una intervención quirúrgica;
  • durante una hospitalización prolongada;
  • se utiliza una silla de ruedas de forma habitual;
  • la persona tiene dificultades para cambiar de posición por sí misma;
  • una persona mayor pasa gran parte del día sentada o en la cama;
  • existen patologías neurológicas, tras un ictus u otras afecciones que limitan la movilidad.

Si una persona necesita la ayuda diaria de un familiar o de un profesional sanitario para desplazarse, ya es conveniente consultar con el médico o con el personal sanitario para evaluar las medidas preventivas más adecuadas.

Los primeros signos que no hay que subestimar

Las úlceras por presión no comienzan con una herida abierta. En las fases iniciales pueden aparecer algunos signos que es importante reconocer a tiempo, entre ellos:

  • un enrojecimiento que no desaparece tras cambiar de posición;
  • piel más caliente o más fría que las zonas circundantes;
  • hinchazón o endurecimiento;
  • dolor o molestias localizadas.

Si se observan estos signos, es recomendable acudir al personal sanitario para que realice una evaluación.

Cómo prevenir las úlceras por presión en la vida cotidiana

La prevención se basa en una serie de medidas que ayudan a reducir la presión prolongada sobre los tejidos y a mantener la piel en buen estado.

Entre las principales medidas preventivas se incluyen:

  • favorecer un microclima cutáneo óptimo mediante el uso de materiales transpirables;
  • evitar colocar numerosas capas entre el paciente y el colchón, optando por una sábana ligera y transpirable;
  • favorecer el movimiento y los cambios frecuentes de postura;
  • revisar diariamente la piel para detectar de forma precoz variaciones de temperatura, consistencia o posibles endurecimientos;
  • evitar la presión prolongada;
  • mantener la piel limpia y seca;
  • mantener una alimentación e hidratación adecuadas;
  • utilizar cojines y colchones antiescaras cuando esté indicado;
  • seguir las indicaciones del personal sanitario.

¿Qué dispositivo antiescaras elegir?

No existe un dispositivo antiescaras adecuado para todo el mundo. La elección debe basarse siempre en el nivel de riesgo de la persona, el tiempo que pasa sentada o tumbada y las indicaciones del personal sanitario.

Este tipo de productos está diseñado específicamente para distribuir mejor las presiones ejercidas por el peso corporal, reduciendo el riesgo de lesiones tisulares en personas con movilidad reducida.

La elección de los productos para la prevención de úlceras por presión depende de varios factores, entre ellos el grado de movilidad de la persona, el tiempo que pasa sentada o tumbada y las indicaciones del personal sanitario.

Cojines y colchones para la prevención de úlceras por presión: cuándo utilizarlos

La primera consideración se refiere a la posición que la persona mantiene durante la mayor parte del día.

El cojín antiescaras está indicado para quienes pasan muchas horas sentados, por ejemplo, en una silla de ruedas, una silla o un sillón.

El colchón antiescaras, por su parte, se recomienda para personas encamadas, con movilidad muy reducida y cuya permanencia en cama se prolonga.

¿Qué tecnología elegir?

Una vez identificado el dispositivo de apoyo más adecuado, se puede elegir la tecnología más indicada.

Sistemas de aire

Estos sistemas permiten regular el nivel de presión y adaptar el soporte a la conformación del cuerpo, mejorando la distribución de las cargas y reduciendo los puntos de presión. Son especialmente indicados cuando es necesario reducir al mínimo los puntos de presión en personas con riesgo medio o elevado.

Los cojines de burbujas de aire se encuentran entre las soluciones más eficaces para la prevención de úlceras por presión en posición sentada. Gracias a la posibilidad de regular la presión de forma diferenciada entre las dos secciones del cojín, favorecen tanto el alivio de la presión como la correcta alineación postural. Los colchones de aire, por su parte, están conectados a compresores que inflan y desinflan lentamente y de forma alterna las distintas celdas, modificando periódicamente los puntos de apoyo y evitando que el cuerpo permanezca durante mucho tiempo en una situación de presión estática.

También existen los soportes de fibra hueca, poliuretano, espuma viscoelástica y gel fluido de silicona. Los sistemas de agua, por su parte, utilizan el líquido como elemento de soporte para favorecer una distribución uniforme de la presión y un buen nivel de comodidad.

Sistemas de ciclo alternativo

Los colchones antiescaras de presión alterna están conectados a un compresor que infla y desinfla lenta y cíclicamente las distintas cámaras de aire.

Este movimiento modifica periódicamente los puntos de apoyo del cuerpo, evitando que las mismas zonas permanezcan sometidas a una presión estática y prolongada. De este modo, el sistema contribuye a reducir el riesgo de úlceras por presión y está especialmente indicado para personas encamadas o con movilidad muy reducida.

Sistemas estáticos y de agua

Suelen estar indicados para personas con bajo riesgo de desarrollar úlceras por presión. Favorecen una distribución uniforme del peso corporal, reduciendo los puntos de mayor presión.

Entre las principales soluciones estáticas se encuentran los soportes de fibra hueca, poliuretano, espuma viscoelástica y gel fluido de silicona. Los sistemas de agua, por su parte, utilizan el líquido como elemento de soporte para favorecer una distribución uniforme de las presiones y un buen nivel de confort.

La importancia de la continuidad asistencial

La prevención de las úlceras por presión no depende solo del producto, sino sobre todo de la continuidad de la asistencia. De hecho, la prevención es un proceso conjunto en el que participan diferentes profesionales:

el médico de cabecera y el fisiatra evalúan el nivel de riesgo y definen el plan de cuidados;

el cuidador supervisa e interviene a diario en el control de la presión sobre la piel y en los cambios de postura;

el distribuidor especializado ayuda a elegir el producto más adecuado y proporciona instrucciones para su uso correcto.

Una prevención adecuada surge de la colaboración entre todas estas figuras y de la elección de sistemas antiescaras adaptados a las necesidades de la persona.

La prevención es el primer paso para proteger a la persona

Prevenir una lesión por presión significa proteger el bienestar, la autonomía y la calidad de vida de la persona asistida. Una evaluación precoz del riesgo, una vigilancia constante de la piel, los cambios de postura correctos y el uso de sistemas antiescaras adecuados constituyen las herramientas más eficaces para reducir la probabilidad de desarrollar úlceras.

Confiar en el personal sanitario y elegir los productos de apoyo más adecuados permite abordar cada proceso asistencial con mayor seguridad, mejorando el confort de la persona y facilitando el trabajo de los cuidadores y los profesionales sanitarios.

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